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Enfermera relata pesadilla vivida en penitenciaría

La licenciada Reina Irala Ayala, que cumple funciones en la cárcel de Concepción y estaba de guardia cuando se registró el reciente motín, testimonió sobre las horas de terror que le tocó vivir. Según la mujer, ella fue tomada de rehén por un grupo de reclusos, pero otro reo, perteneciente al PCC, la salvó protegiéndola dentro de su celda.

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Reina Irala Ayala trabaja como enfermera dentro del penal de Concepción desde hace años y el martes último estaba cumpliendo con su guardia, que es de 19:00 a 07:00, cuando ocurrió el motín.

Según relató la profesional de blanco, cerca de las 21:00, cuando estaba dentro de la oficina de la enfermería, que se encuentra en un segundo piso al lado de la sala de descanso de los agentes penitenciarios, escuchó el griterío y los disparos de arma de fuego en el pasillo.

Ante la situación peligrosa, la mujer aseguró con llave y con una mesa de escritorio la entrada de la oficina y después escuchó que los amotinados tocaron a la puerta, exigiendo que se les abriera. Posteriormente, ante la negativa de la enfermera se retiraron pero volvieron varias veces, hasta que con un hierro lograron forzar la entrada.

Reina contó que del grupo de reclusos que invadió la oficina, uno la tomó y le apretó un cuchillo en el cuello. Esta situación motivó la reacción de otro reo, que se opuso a que le causaran daño a la mujer y la retiró del lugar hasta el sector de las privadas, donde se encontraban miembros del PCC.

Conforme al relato, en el lugar tranquilizaron a la enfermera y la tuvieron por varias horas hasta que volvió la calma al interior de la penitenciaría.

Reina mencionó que por el shock de la situación no recuerda la identidad del hombre que la salvó, aunque este le había dicho, pero aseguró que cuando lo vea nuevamente podrá identificarlo.

«No tengo palabras para explicar, no le deseo a nadie, porque vos estás ahí sin saber si vas a salir viva, porque era una guerra», resumió la enfermera, al tiempo de recordar que cuando estuvo sola dentro de la oficina y hostigada por los amotinados, se puso a rezar.