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Anverso y reverso

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Hoy, mientras una familia humilde, que ocupa desde hace años un terreno municipal en el barrio Villa Armando de Concepción, buscaba de forma desesperada, al menos palabras de alivio ante una evidente maniobra para ser desalojadas, uno de los hijos engreídos del codicioso padre festejaba de manera ostentosa su cumpleaños en otro barrio.

Al tiempo que una mujer, madre de cinco hijos pequeños, con lágrimas corriéndole en las mejillas, buscaba entender la vil maquinación que pretende dejarla en la calle, un grupo de aduladores preparaba el ambiente para homenajear a aquel que se nutre de las lisonjas y es adicto a los halagos.

En el mismo momento en que esa pobre madre recurría a la Municipalidad, buscando una fórmula para zafar de la terrible manipulación de quien sabe que mente perversa de esa misma Institución, unos cuantos funcionarios de la Comuna, en horario laboral, cocinaban la carne, comprada con quien sabe que recursos malhabidos, para el zalamero culto al pequeño tirano.

Mientras el verdadero pueblo sufre sus cotidianas desventuras y muerde el freno de las injusticias, él juega a ser un César Romano, Calígula talvés, haciendo culto al ego, rodeado de sus acólitos y bufones.